LADRÓN DE BICICLETAS
Elementos formales del texto fílmico:
Sobre los códigos visuales cabe decir en primer lugar que no hay grandes ostentaciones de índole cinematográfica, puesto que se trata de un cine que pretende captar sin artificios el devenir de unos acontecimientos. El realismo de la imagen surge de evitar la manipulación, se procura remitir a la propia realidad. En general, el Neorrealismo se caracteriza por una austeridad en el empleo de medios técnicos, y esto, obviamente, tiene su proyección sobre el resultado formal de la película.
En general, predominan los planos generales, con la intención de describir el contexto en el que se lleva a cabo la acción. Se trata de representar una verdad con la que el cineasta está comprometido, y en este sentido, son estos planos los que dan mejor cuenta de la situación.
La película se presenta mediante un crudo blanco y negro que nos muestra la penuria de la Italia de la posguerra a veces en un tono que se acerca al documental, revelando la penosa situación del momento y entremezclando ésta con el argumento.
Códigos sonoros:
Los diálogos se caracterizan por el intento de imitar el lenguaje coloquial y hasta vulgar o quizá incluso por ser el habla de los propios actores en su vida real, pues éstos son buscados entre las gentes corrientes, prescindiéndose de la actuación de estrellas cinematográficas.
La música aparece a lo largo de toda la película, no sólo como elemento externo a la historia, expresando emociones y sentimientos en colaboración con las imágenes, los diálogos y la propia narración, sino también como música inserta en la propia historia por estar en ella su origen (recuérdese al niño tocando el acordeón o el ensayo para la actuación que se lleva a cabo en el local donde se celebra una reunión sindical).
Códigos sintácticos:
El ritmo de la historia no es demasiado rápido, pues se detiene en mostrarnos detalles que dan buena cuenta de la terrible situación de la Italia del momento, pretensión de un director comprometido socialmente, pero tampoco es lento; consigue captar la atención del espectador mediante una dinámica consistente en el ritmo de la propia vida.
Elementos formales del relato:
La narración consta de un solo nivel, pues se nos cuenta una única historia. Del relato de esta historia se encarga un narrador extradiegético, un narrador que no participa en la historia y que es exterior a ella, cuya pretensión es dar buena cuenta del contexto en el que ésta se inscribe. Asimismo, se trata de un relato no focalizado, pues no existe un punto de vista determinado. No obstante, en determinados momentos, la focalización pasa a ser subjetiva, pues llegamos a sentir que es el propio personaje (el padre o el hijo) quien nos está contando la historia, su historia.
La historia es sencilla, pero directa y conmovedora. Se trata de una historia simple, cercana a un cine marginal, pero capaz de conmover al espectador por medio de temas que son inherentes al ser humano en cualquier momento y lugar: la desesperación, la pobreza, la miseria, la desigualdad, pero también el amor y la ternura.
De esta película se puede destacar el lado testimonial que pretende erigirse como especie de documental sobre la realidad coetánea. El cineasta se muestra comprometido con unas circunstancias terribles fruto del fin de la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de un relato lineal y sumario, si bien podemos hablar de escenas en aquellos momentos en que coinciden temporalmente el relato y la historia, cosa que sucede a menudo, pues el tiempo que dura la historia no es mucho; la acción sucede en tres días consecutivos que se narran de manera ordenada. Asimismo, el relato es singulativo.
Con respecto a la estructura del relato, cabe decir que ésta responde al planteamiento clásico. Se divide en tres partes: planteamiento, nudo y desenlace. Sobre éste último debemos resaltar que se trata de un final que, sin ser abierto, pues está claro que Antonio se queda sin su bicicleta y el ladrón no es reconocido como tal, sí deja planteada una cuestión al espectador: nos hace recapacitar sobre la miseria de un panorama asolado por la Segunda Guerra Mundial, así como sobre la tristeza y la desesperación de un conjunto de seres humanos que sufren exactamente igual que Antonio, quien en realidad no es más que un modelo que representa a una sociedad prácticamente al completo. El protagonista sale del anonimato al comienzo del film para volver a él cuando éste termina. Se trata de “uno más”. En el fondo, no deja de ser una reflexión aplicable a cualquier momento en el que un grupo de seres humanos sufren y padecen por motivos de índole histórica o política.
Los personajes están perfectamente caracterizados como seres humildes que se desenvuelven en un ambiente aún más humilde, asolado por la pobreza y la miseria.
Antonio es un hombre aún joven deseoso de trabajar tras dos años en paro para poder sacar adelante a su familia, compuesta por su mujer, a quien apenas se caracteriza por su escasa aparición pero claramente modelo de las mujeres humildes de la época: trabajadora, sacrificada y con una poca cultura que le hace caer en la superchería, y Bruno, un niño muy listo, tierno y afectuoso que trabaja para ayudar en la economía familiar. Las relaciones padre-hijo son puestas a prueba en la horrible y agobiante tarea de buscar la bicicleta robada. La dinámica de los hechos hace que las actitudes de ambos evolucionen, maduren y se transformen.
La película presenta un intencionado escenario de la posguerra lleno de personajes que, perdidos en su anonimato, muestran sus penurias por las pobladas y vívidas calles romanas.
Los escenarios, tal como es propio del cine neorrealista, son espacios reales en la capital italiana.
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